Repartiendo aplausos (para pocos) y mentadas (para todos)
La buena palabra del señor que todo (lo que no debe ver) lo ve y que (no) creo todo.

Dic
18

Fui el primero en llegar al partido. El furioso sol de junio cedía un poco ante un campo llanero solitario esperando a sus invitados. Empecé a cambiarme lentamente y revisar el teléfono cada minuto, esperando que el plan no fallara. Jerónimo siempre fue un tipo listo desde la secundaria, no lo conocí por tramposo hasta hoy. Cuando me llamó por teléfono creí que era para confirmar la hora del partido, luego empezó a explicarme su plan:

–Tú llévale el taxi, dile a tu patrón que se descompuso échale  algo para que no arranque, que se quede en su taller hasta tarde, que no vaya al partido.

¿Cómo negarme?. Me detuve cuando el reloj pegado en el tablero del viejo tsuru marcó las dos en punto, abrí el cofre y obedecí a Jerónimo. Llamé a mi patrón:
–el carro se detuvo y no arranca algo se le jodió jefe.

Luego todo fue como cuando es cierto; hablarle a un mecánico y jalar el carro hasta el taller. No puedo dejarle todo el crédito a Jerónimo, yo supe exactamente qué hacer para que el “negro” no encontrara arreglo tan fácil.

No soy un tramposo por costumbre ni nada por el estilo, “sólo lo hago por hoy” –pensé-, quizá el que fuera mi primera final me animó a esto. Nunca antes pude jugar una final, tanto que me gusta el futbol y tan bueno que soy, la verdad. Cincuenta y cinco años jugando y por primera vez en una final. Siempre viendo a otros levantar trofeos y felicitarse, recoger medallas y celebrar, pensé que nunca sabría qué se siente. Las rodillas ya hormiguean, y el pulso se acelera, así son las finales supongo.

El partido estaba a punto de iniciar, faltaba poco para que el sol se ocultara, los últimos rayos de sol hacían dorado el semidesierto en que disputaríamos el partido, pude ver como por teléfono trataban de convencer al “negro” de llegar al partido, por sus ademanes entendí que les dijo que llegaría, yo pedí a dios que no, que lo dejara un rato con el carro. Tuvieron que iniciar sin él.

La pelota no había paseado por todo el campo cuando nos clavaron el primero por una distracción mía, nadie dijo nada excepto  Jerónimo

–Ponte en el partido Darío, lo que tenga que pasar pasará-.

Después de sus palabras pude concentrarme más y al menos ya no cometí errores. Al medio tiempo sentí un agotamiento que nunca había sentido y un dolor que me era conocido, que había sido más intenso en el último año; una varilla caliente atravesando mis piernas y agua helada sobre mis músculos, clavos atravesando mis rodillas. Tuve que sentarme a estirar las piernas y darme golpecitos arriba de la rodilla, alguien propuso un cambio si no estaba al cien, me negué y le achaqué mis dolencias al horario y a un mal calentamiento.

Nuestro gol cayó a mitad del segundo tiempo, Felipe “el muerto” disparó desde afuera del área y la metió, un tiro sencillo y abajo pero al lado ciego del portero, pura suerte. Terminó el segundo tiempo y acordamos con el árbitro dos tiempos extra de diez minutos, a nuestra edad jugar más es un suicidio, también decidimos que podíamos hacer dos cambios más. Ellos se reservaron uno por si llegaba el “negro”. Casi al final del segundo tiempo extra perdí el balón cerca del área y por poco nos la clavan pero el poste nos salvó. Me salvó. Quise relajarme en la calma de los equipos tirados en el piso, en el olor a mentol, eucalipto, tierra y sudor. No me tocó estar en la lista de cinco en los penales, ellos abrieron anotando, nosotros igual, luego todos los disparos adentro hasta que ellos fallaron el quinto y sentí como tocaba la gloria, Jerónimo falló el quinto nuestro también. Era mi turno, el sexto.

Después de que su tirador falló mandando el balón al siguiente campo todo el equipo me animó a anotar. No tengo vergüenza en admitir que mis piernas eran una gelatina, temblaba y hubiera preferido que un calambre me derribara, consideré fingirlo, acomodé las calcetas una y otra vez, masajeé mis rodillas, pedí un último favor al balón, apreté los puños y miré mi objetivo de reojo para que el portero no adivinara mi intención. Mi disparo fue potente y exactamente al ángulo, tanto que dio justamente entre el poste derecho y el travesaño, el sonido del golpe del metal y el grito del equipo contrario me ensordecieron. Pensé que aquello era un castigo divino, ya ni siquiera me importaba ganar, quería que en ese momento el negro llegara diciendo que la razón por la que no llegó al partido era otra y no el taxi descompuesto que le dejé. Sólo quería menguar mi culpa. El camino de regreso al fuerte que el equipo formó en medio campo fue un cadalso donde al final el primer abrazo de un compañero guillotinó mi cabeza.

Los siguientes dos cobradores acertaron, luego ellos fallaron el octavo, ni siquiera quise ver el penal que cobraba nuestro equipo, para ese momento la culpa y la vergüenza habían entrado hasta el último de mis nervios, puse la vista en la tierra. Escuché el golpe del balón y luego los gritos y los aplausos, por fin terminaba todo. Ganamos. Empezaron a correr las cervezas como una ley natural, como ocurre después de cada partido. El saludo y el abrazo con los derrotados. Alguien sacó de una camioneta dos trofeos, el enorme trofeo dorado con la figura de un jugador en pleno disparo a gol era nuestro, el plateado con una rama de olivo para el perdedor. Vinieron fotos, más cervezas y luego Jerónimo cobrando una apuesta al capitán del Sindicato, cinco mil pesos.

–Ten no te dije nada porque sabía que te pondrías más nervioso -extendió la mano ofreciéndome quinientos pesos que rechacé.

–Agárralos por lo de tu cuenta del taxi –los recibí y aunque llevaba cartera los guardé en la bolsa del pantalón-.

Quería saber a qué sabe el triunfo y ahora lo sé, no voy a decir que es un sabor amargo o agridulce, se disfruta el elogio y levantar un trofeo la prueba clara de ser mejor que los demás, la superioridad. Festejar frente al contrario en la misma cancha se parece tanto a un acto salvaje de dominación, dos animales en cortejo compitiendo por la hembra llamada victoria. Uno se va sin nada el otro se lo queda todo.

Ganar sabe a quinientos pesos que debo  gastar antes de volver a casa. Por eso compré dos cartones de cerveza para el equipo en la cantina. Entre las risas y la botana barata sólo podía pensar en el momento en que tomaría un taxi para regresar con mi familia, “quizá Eva pueda masajear mis rodillas que me matan” –pensé-. No recordaba lo mucho que la cerveza te ayuda a lidiar con la culpa, tanto como te hace sentir un idiota por no saber decir que no. Antes de la siguiente ronda recibí el mensaje del patrón en el celular: “ya está, vienes mañana al primer turno”. Me despedí de todos con la algarabía del triunfador de frente, extendiendo la mano, con abrazo y palmada.

-La próxima temporada Darío, hay que armar el equipo mejor ¿no?” –si claro, lo que sea –respondí-.

Con el primer paso hacía la puerta la rodilla me recrimina la mentira, sabía bien que no volvería a jugar o me iba comprando la silla de ruedas como dijo el doctor, cuando supe que mis meniscos estaban destrozados pensé que la despedida luego del último partido sería más difícil, la verdad es que no fue así, quería irme ya desde hace rato.

Apenas llego a mi casa escucho la televisión encendida y la voz de Eva

-te llamaron que ya está el carro que pases mañana temprano -lentamente asiento con la cabeza y me tiendo en el sillón-

-ya se acabó mujer

-mejor retirarse a tiempo antes de que no puedas caminar

Ingenua cree que hablo del futbol.

Derribado en el sillón, evito lo más que puedo quitarme mi disfraz, alargando un poco más el momento sabiendo que no se repetirá. La indumentaria del futbolista siempre fue para mí un disfraz, uno que vestía cada semana como mínimo, ahí dentro de la cancha y con mi disfraz era yo un arquitecto, un celador, un cazador, un bailarín, lo que la pelota decidiera, su esclavo a veces. Y su amante también. Escucho las noticias deportivas, “Dorian Venegas es comprado por el Real Madrid luego de su decepcionante paso por el Atlético de Madrid, afuera del estadio del Barcelona, club que lo vio nacer, aficionados salieron a las calles a quemar fotos del jugador, el traspaso fue por ciento veinte millones de euros superando la cifra de cien millones de euros que fue pagada por el Atlético, en sus primeras declaraciones dijo que lo dará todo por su nuevo equipo”. 

-¿Y qué harán con tanto dinero esos jugadores?

-No sé mujer, se lo gastan supongo.

Ene
27

 

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Nota: Inspirado (es un decir) por el último episodio de Paikast* y usando un poco algunas experiencias propias en el cine se me ha ocurrido realizar el siguiente decálogo para la sana convivencia en eso que llamamos El Cine.

1. Al formarte en la fila procura saber para qué función comprarás boleto, evita preguntar al taquillero sobre tal o cual cinta, ellos no son expertos en cine ni comparten tus gustos y no es parte de su trabajo conocer o ver las películas que exhiben además detrás de ti hay gente esperando comprar su entrada.

 

2. En el quiosco exhibidor de reseñas por favor permite a los demás leer, no te quedes parado, circula, el exhibidor no es una pared para recargar a la novia y cachondear. Tantita madre por favor.

 

3. Igual que en taquilla al formarte en dulcería ya debes saber qué vas a comprar, no hay descuentos (sí me ha tocado escuchar personas pedirlos), si olvidaste pedir algo no regreses a la caja como si aún fuera tu turno, fórmate de nuevo.

 

4. Sé limpio (o sea no seas puerco). Al preparar tus botanas y alimentos hazlo con la misma higiene que lo harías en tu casa. No ensucies los muebles ni arrojes los condimentos. Me ha tocado ver áreas de preparación de comida donde parece que un chivo con retraso mental intentó preparar unos nachos con algo de prisa y vendado de los ojos.

 

5. Evita llevar niños pequeños a la sala. Todos tenemos derecho de asistir al cine pagando nuestro boleto pero no tenemos derecho a echarle a perder la función a los demás obligándolos a soportar llantos, gritos, quejas, vómitos y olores desagradables de bebés, si  eres padre no lleves a tus hijos pequeños al cine, de verdad un bebé de un año no va a disfrutar la nueva película de Iñarritu, bueno nadie lo hace pero ellos menos. El bebé la pasa mal, tú la pasas y los demás… sí adivinaste, la pasamos mal.

 

6. Guarda compostura; no grites al llegar, no es gracioso, nunca lo fue, al apagarse las luces guarda silencio, no uses tu celular o tablet el destello luminoso es muy molesto para los demás, apaga el celular o ponlo en silencio, si recibes una llamada urgente abandona la sala y conteste fuera. No arrojes tus botanas a los demás no somos micos. ¿En serio era necesario este punto?.

 

7. Si no soportas las películas de terror no entres, velas en tu hogar, no nos eches a perder la función con gritos exagerados, llantos o ataques de pánico. Cuídate tantito.

 

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8. No spoilers. No cuentes la película si ya la viste, no la narres todos estamos viendo lo mismo, no abuses de los chistes al margen y de preferencia hazlos solo con tu(s) acompañante(s); si vas solo quizá ahora sabes la razón, nadie te soporta por tus estúpidos chistes.

 

9. Procura no hacer ruido con tus botanas ni ingresar alimentos que desprendan fuertes olores. No Cheetos ni tortas de huevo por favor.

 

10. Sé cortés, pide permiso al pasar a tu asiento o salir de la sala (Taylor Durden te dice como hacerlo en Fight Club), no acapares más allá del descansabrazos, ten cuidado con tus pies, no patees el asiento de adelante.

 

Disfruta la película y deja a los demás disfrutarla, seamos educados.

 

ATTE.

 

EL QUE TE HACE ¡SHHH! EN EL CINE.

 

*Podcast, si no lo han escuchado están perdiendo el tiempo descárguenlo ya en: http://www.junkie.mx/paikast

Ago
22

Todos creen que pueden ser escritores. Debe ser fácil –dicen-. Tomar una historia, de preferencia una nueva… o disfrazada de nueva, hacer que suene bien y usar dos o tres figuras literarias directo de wikipedia. Si la obra a plagiar es muy desconocida y ninguno de los pocos poquísimos que lean la obra lo  va a averiguar entonces está bien. Que te descubran un plagio es casi lo peor que le puede suceder a un escritor. La ortografía no importa,  eso lo hace Word, porque andar escribiendo a mano como cavernícola, ¡no!. Aquí en mi página todos somos escritores, ajá. Sobre todo yo que en mi vida he leído con suerte cuatro o cinco libros y ya no digo terminarlos completitos porque la verdad me salté las partes aburridas. Sin embargo tengo el gusto de conocer de entre los demás escritores locales a uno que es muy bueno, el mejor si me lo permiten incluso el mejor que he leído, aunque ya les dije que no he leído mucho. A este escritor me puse a investigarlo, me hice su amigo y su historia es otro cuento:

Por supuesto ocultare su nombre a todos ustedes, no vaya a ser que lo descubran, diremos que se llama… Zapatero. Él es un tipo normal a mitad de los veintes, no terminó sus estudios de Filosofía en la UNAM según dice porque mejor se vino a trabajar, ¿cómo carajos iba a vivir de eso? –añade siempre-. Fan de las novelas negras, de los artículos grotescos y de la nota roja de los periódicos, las películas gore son sus favoritas, sin embargo no es uno de esos sujetos raros, desaliñados y que visten de negro. Tiene una colección de revistas, imágenes y libros de géneros que escandalizarían a cualquiera, en fin, Zapatero siempre se quejaba del poco aprecio e interés hacia estos temas. Todo lo que podía adquirir y más le gustaba tenía que pedirlo por internet y era bastante caro.

Consiguió que le mandaran diariamente la edición del periódico Metro a su domicilio y mensualmente la revista Alarma! con lo que apenas podía satisfacerse. Me platicó también que conoció allá por 2011 una revista local, Los Tlacuaches, con la que se emocionó por los temas y algunos de los cuentos que ahí se publicaban, me mostró los dos primero números, no sé si estaban gastados por el tiempo o desde el principio fueron publicadas en ese primitivo formato, parecía un trabajo escolar olvidado en lo más profundo de una mochila, en fin lo poco que leí no me emocionó mucho o no tanto como a él, además, qué temas tan feos trata esa revista, prostitución, violación y otras linduras por el estilo. Me harté un poco. También me dijo llegó a conocer a algunos de los que ahí escribían y se volvió amigo de la mayoría, -en facebook claro-  le parecieron bastante sangrones –según sus palabras-, tardaban una eternidad en contestarle el chat  y lo hacían sólo con monosílabos además nunca lo quisieron invitar a una de sus famosas reuniones ni le publicaron las historias que escribía y les mandaba porque decían no tenían la suficiente calidad. Aún así siguió comprando la revista cada que salía bueno hasta hace unos meses que dejó de comprarla porque “se volvieron muy fresas” según me dijo.

Al mismo tiempo y gracias a la revista conoció muchos libros y autores de novelas basadas en temas que le encantaron, sicarios, narcotráfico, mutilaciones, abusos. Se hizo de una pequeña biblioteca con esos libros. Portadas sangrientas, títulos escandalosos, era algo tan suyo y leía tanto de esto. A mí nunca me agradaron estos libros creo que ya hay suficiente violencia gratuita en la realidad como para inventar más.  Sin embargo a él parecía ya no saciarle, buscó en blogs y redes sociales más y más imágenes y noticias, el periódico local apenas y publicaba de acribillados y descabezados. Entonces, tuvo la gran idea: fundar su propio periódico, así tendría accesos a todos esos temas, imágenes e historias que le fascinaban, consiguió el dinero… con sus padres… con chantajes. Compró una vieja multifuncional y dos computadoras, contrató a dos periodistas locales y un editor, él mismo se encargaba de ir al lugar de los hechos en cuanto sabía de alguna noticia de esas que a cualquier hombre normal ponen los pelos de punta.

El primer número salió en enero del año pasado, de la idea primaria del periódico se movió a un semanario mucha más cómodo para todos, acordó con algunos expendedores de periódicos el precio a venderse, tomo el viejo Brasilia de su padre y anduvo por toda la ciudad voceando sus noticias:

“¡TRECE MUERTOS Y DESMEMBRADOS ENCONTRADOS EN UN PUENTE, TENEMOS LAS IMÁGENES DE LAS MUTILACIONES, A TODO COLOR!”

“¡BALEARON A TAXISTA LE DIERON 38 TIROS, TENEMOS LAS IMÁGENES DE TODOS Y CADA UNO DE SUS AGUJEROS!”

“¡CUERPO PUTREFACTO, EL MEJOR QUE SE HA VISTO, GUSANOS Y AVES DE RAPIÑA POR TODOS LADOS!”

Como era de esperarse con tan morbosos y mal redactados encabezados tristemente el semanario… se vendió más rápido que una coca cola en el infierno tanto que con apenas la primera venta ya tenía cubiertos los gastos de al menos cuatro ediciones. A la semana siguiente abrió un blog en internet que actualizaba diario, luego de dos meses tuvo que abrir suscripciones tanto al semanario como al blog, todo iba perfecto, sobre todo porque nunca faltaron noticias de muertos, mutilados, balaceras, torturados o ya de menos macheteados y siempre tenía las “mejores” imágenes. El dinero fluyó y hasta considero la idea de pagar lo prestado, idea que desechó de inmediato cuando se consiguió una novia, a quien llamaremos Jardinera, bonita muchacha, demasiado recatada y seria  que no se creería está enamorada de Zapatero, quién a decir verdad es un tipo bastante feo y con esos gustos raros.

Aún con la novia, el semanario y el blog, se daba tiempo para leer las noticias más sangrientas que encontraba en internet, por esos tiempos recibió la primera amenaza para dejar de publicar imágenes y noticias del narco, ésta lo hizo pensar, la segunda y tercera no lo dejaron dormir, luego se acostumbró. Apilaba en un pequeño escritorio porque claro ya tenía sus oficinas en un edificio aunque compartía espacio con una pizzería. Compró una imprenta usada. Hablaba de matrimonio con Jardinera. Ese fue el mejor momento de Zapatero.

Fue en el mes de octubre que sucedió algo que cambió por completo el plan de vida que ya estaba construyendo. Platicaba, no, regateaba en un lote de autos usados con uno de los vendedores cuando escucho lo que me dijo al principio le parecieron truenos, o la explosión de unos cuetes, gritos, y el sonido del golpe de la carne chocando con la lamina de los carros viejos.

¡hijos de su puta madre, ya se los cargo la voladora!
¡muevanse pendejos!

Zapatero se oculto detrás del auto que negociaba, y apenas levantaba la cabeza para observar los movimientos de los —-aproximadamente veinte sujetos armados que atacaron el lote cerca de las 16:00 hrs horario local—, quienes seleccionaron los autos mejor cuidados, los modelos más recientes y por supuesto las camionetas más grandes, golpearon a los propietarios que se tardaban en entregar las llaves, y casi mataron a uno que de tan nervioso no recordó la combinación de una Lincoln. Uno de los matones se acercó a donde él estaba, preguntaron por el dueño del auto el hombre con el que hace poco negociaba se levantó pidieron la llave pero éste no la encontró.

-¡dame las llaves o te corto los huevos pendejo!-

-no las tengo-

¡mejor te voy a ayudar a encontrarla!
¡Pum! Un disparo con una escuadra a quemarropa que destrozó su brazo derecho.
-¡la llave o te emparejo hijo de la verga!

Como pudo, sangrando y sin ocultar el dolor en el brazo buscó rápidamente sin encontrar nada, mientras aquel tipo que no debía medir menos de 1.90 no dejaba de apuntarle a la cabeza.

¡qué ven cabrones busquen! –ordenó el tipo agitando el arma-

Rápida y tímidamente todos los que estaban cercanos al auto iniciaron la búsqueda
¡vámonos 40! Le gritaron mientras los demás arrancaban los autos recién adquiridos

¡hijo de la chingada no le voy a llegar a mi patrón sin nada! Cuando menos te llevo.
Lo tomó de la camisa y lo llevó a uno de los autos, ya había perdido demasiado sangre por el disparo, lo subió atrás de una Lobo roja y abrió la puerta del copiloto, fue entonces cuando Zapatero vio entre una llanta y el pasto la dichosa llave que tanto buscaban, la tomó y con un valor que nunca en su vida había tenido, grito acercándose, a la camioneta: ¡la llave!, ¡encontré la llave!. Uno de los ladrones apunto directo al pecho pero fue detenido por el 40, quien bajó de la Lobo y tomó la llave de la mano de un congelado Zapatero quien de pronto recordó que era un cobarde.

-Le ahorraste el viaje a este pendejo –dijo mientras bajaba al débil vendedor quien apenas y podía sostenerse en pie.

Apuntó al infeliz vendedor y dijo: -no me vuelvas a esconder nada – antes de disparar al estomago del pobre infeliz, esta vez con un cuerno de chivo y tan cerca de Zapatero que quedó salpicado con la sangre-.

La policía y las ambulancias llegaron cuando la sangre en el charco ya estaba coagulada y Zapatero ya había conseguido otra playera, tuvo que declarar y esperar en el ministerio público varias horas, vio pasar a los familiares del muerto y no pudo quitar el choqueante olor a sangre de su nariz por varios días. Sacó la nota en el periódico como una más sin mencionar su anécdota ni siquiera que estuvo ahí. Tanta lectura, tantos recortes, imágenes historias y él nunca había estado en ninguna. Disfrutaba  la lejanía y la seguridad que da ser un simple espectador, como una adolescente viendo una película de terror, sabiendo que nada pasará fuera de la pantalla.

“Es una señal, debes dejar esto” le dijo Jardinera, como el niño más obediente con su madre, mi amigo cerró el semanario y el blog al día siguiente. No supo qué hacer, tenía dinero para emprender otro proyecto pero se encontraba aún distraído por aquel evento. Jardinera le regalo libros para que despejara su mente, Fifty Shades of Grey, Crepusculo y otros más. Libros que leyó en una semana, tuvo entonces la gran idea, dedicarse a escribir y ¿por qué no? Fundar una editorial, eso debe dejar mucho dinero –pensó-. Teniendo la imprenta y demás aparatos sólo le hacía falta el nombre y comenzar a ir de un evento a otro de literatura, ferias, presentaciones, encuentros, recitales. Incluso empezó su primera novela, la cual he tenido el honor de ser uno de los primeros en leer y me atrevo a recomendar, no tuve que saltar ninguna página de aburrida retorica o explicaciones vacías como con todo lo demás. Desde ahora le auguro un gran éxito en la literatura.

La novela de la que les hablo es una hermosa y romántica historia que se titula: El Romance de la bala y el Pulmón. Publicada bajo el curioso y original pseudónimo de El Autor Anónimo. Albricias Zapatero llegaras muy lejos.

Hay personas que no cambian, pero encuentran su lugar en el mundo.

EPÍLOGO:
El texto anterior existió en internet en uno de los muchos blogs que pululan en la red, sin embargo, luego de que de autor de las líneas que anteceden, subiera esta crítica-historia-cuento a su blog, recibió el reclamo del protagonista del mismo y autor del libro, quien le exigió que lo eliminara de inmediato ya que contenía demasiados datos personales, el bloguero no tuvo más remedio que obedecer. Siguen viéndose de vez en cuando. Por cierto pude conseguir una copia de El Romance de la Bala y el Pulmón. No es tan bueno, ni siquiera medianamente bueno, es malo a decir verdad, muy malo. No me sorprende que la única editorial dispuesta a publicarlo fuera la misma que la del escritor. Siempre he pensado que hacer eso es como bailar con tu sombra, nunca recibirás un reclamo porque no lo haces bien.

 

Jul
23

NOTA: Por miedo al plagio razones personales me apresuro a subir este cuento al cual le hace falta un editor que no cobre una última pulida, de cualquier modo este es casi el resultado final, ojalá les guste y lo comenten.

 

NOTA 2: Estaré subiendo regularmente algunos otros cuentos y textos que tengo refrigerados, algunos ya terminados otros en proceso.

VIEJO
Josefo es un viejo con la pinta de haber sido un tipo rudo en sus años mozos, aun hoy camina lo más derecho que su dañada espalda le permite, aficionado desde siempre a los deportes, practicó todo lo que pudo.

Cada mañana camina desde su departamento en el segundo piso de aquel edificio ubicado a media cuadra de la calle Febrero hasta la pequeña tienda a mitad de la cuadra que está a cuatro minutos a paso de viejo, nunca antes de que suene el timbre que hace correr a los alumnos de la secundaria de la esquina, nunca después del primer corte del noticiero matutino. Si les dijera la edad que aquel hombre tiene no me lo creerían, quizá por la mirada arrogante y azul como el mar abierto de su niñez supondrían que hay más de un siglo en sus ojos. Sucede que Josefo tiene un secreto muy bien guardado. 

Era el año de 1972 él estaba cumpliendo su quinto año de viudez caminaba por Chapultepec luego de dejar flores en el panteón, buscando aire fresco para evitar las lagrimas de la soledad fue ahí donde vio a lo lejos un grupo de jóvenes con guitarra, pelo largo y atuendos extraños, uno de ellos tocaba un pequeño y ridículo tambor, dos mujeres bailaban moviendo la cadera y otra descansaba sobre el pasto recostada en una manta roja con vivos dorados, vio a la chica, la miró, la observó, se detuvo. Fingió entretenerse con el baile de las dos mujeres y hasta dio algunas monedas, increíble para alguien que a su edad sólo opinaba de aquellos jóvenes como unos holgazanes, sucios y drogadictos que no saben nada del mundo: unos hippies ni más ni menos. La mujer sobre la manta se levantó y notó la mirada del viejo, sintió incomodidad, luego pudor y finalmente curiosidad. La chica sabía muy bien de su belleza, sus ojos rasgados parecían extranjeros, su pequeño tamaño hacía incierta su edad, su pelo era largo hasta la cintura, negro, rojizo con el sol. Desinhibida se unió al baile mientras miraba de reojo al viejo con el saco café quien ya descarado plantó sus ojos en ella. Aquello era tan raro que nadie lo notó. Dispuesto a dar más monedas metió su mano en la bolsa dentro del saco, cuando escuchó la voz de la mujer:
-Se nota que usted no es pinto.
-¿Qué?
-Que se nota que no eres policía, los policías vienen a mirar que no fumemos nada y se quedan al baile pero no dan dinero, tú es la segunda vez que das.
–Sí, bueno me gustó su baile.

Josefo se retiró lo más rápido que la reuma le permitió, no lo podía creer, a su edad huyendo como colegial de una mujer que ni siquiera tenía la mitad de sus años. “Vaya viejo patético” –pensó-.
Más patético se sintió aun cuando regresó tres días después y no encontró al grupo de jóvenes. Preguntó por ellos con un vendedor de algodones de azúcar, éste le enteró que ellos andaban por toda la ciudad en diferentes parques bailando y haciendo “lo que ellos hacen”, que no se sabía cuando regresarían pero siempre regresaban.

Todavía más patético se sintió cuando visitaba diferentes parques de la ciudad buscando a la muchachita de ojos rasgados, buscó en toda la delegación por dos semanas, luego fue más lejos. Los encontró en un pequeño parque al oriente de la ciudad, esta vez no bailaban, estaban debajo de un árbol fumando marihuana. Se acercó lo más que pudo cuidando no ser observado, se dispuso detrás de una pequeña barda de madera mal pintada de verde. Se sintió ridículo, quiso regresar a casa y enterrar su obsesión junto con los demás recuerdos que no son parte de la historia oficial de ningún viejo de sesenta y dos años que se respete. 
-Viejo ya te vimos -escuchó la voz de un hombre-. Viejo si eres pinto ¡de una vez! que no nos pensamos mover –dijo la misma voz-.Sintió un escalofrió que no sentía desde los once años, cuando su madre lo descubrió espiando a una prima en el baño. Apenado dio media vuelta y tomó el mismo camino por donde llegó, –¡Espera!– escuchó un grito. Volteó y la joven de pelo negro, rojizo con el sol, lo alcanzó, sus ojos rasgados se veían rojos, como irritados, ¿por qué has venido?, el viejo quedó mudo, –¿me buscas?. –no –respondió el anciano-. No mientas, las mujeres sabemos cuando alguien nos busca, sobre todo si va hasta el otro lado de la ciudad y se esconde detrás de una barda. Me llamo Edith ¿y tú?. –Josefo. -¡Qué feo nombre! –Dijo la joven-. 

La pareja se sentó en una banca, platicaron mientras los demás descansaban. Edith no pudo adivinar el trabajo de su nuevo amigo como era su costumbre, no era maestro de preparatoria, ni doctor, comerciante, jubilado de gobierno o reportero. –Soy detective –confesó el anciano- –¡ah! reportero y detective, casi lo mismo. La conversación era extrañamente familiar, él habló de su esposa muerta y de sus muchas experiencias en el oficio. Edith contó un poco lo que hacía con sus amigos. Se despidieron luego de dos horas, los jóvenes despertaron y llamaron a la pequeña mujer, Josefo dejó una pequeño papel con su número en la pequeña y tersa de mano de Edith, ella lo besó tímidamente en la boca, sin abrir los labios. Se quedo hasta la puesta del sol en esa banca, luego se fue con el desgano de quien vuelve a casa como a un mausoleo. 

La vida del detective siguió y aunque pensaba en aquella hermosa joven casi todos los días nunca más sintió el impulso de buscarla, pensaba en ella y el beso pero nada más.

Era ya el año de 1977, domingo por la tarde, el viudo leía un libro de Perry Mason (El caso de la prometida celosa) cuando alguien tocó a su puerta, abrió con la seguridad de quien no tiene cuentas pendientes, una mujer con pelo largo recargada al borde de la pared estaba ahí, cuando se descubrió la cara casi no la reconoce; hola –dijo Edith- ¿puedes regalarme un vaso de agua? –Claro pasa-. La mujer seguía siendo hermosa pero tenía la piel pálida más aun que su blancura normal, el reverso de sus manos ya no era terso y su cabello estaba descuidado y parecía que cargar aquellas dos pequeñas maletas la había agotado. –¿Cómo me encontraste? -bueno Josefo tú tienes tus técnicas detectivescas y yo las mías. -Las tenía ahora soy un detective jubilado ¿Están tus amigos por aquí? –sí seguramente ¡ellos ahora están en todos lados!-. El hombre preparó una cena y la sirvió, platicaron de las tonterías que platican dos desconocidos que se tiene confianza. Edith reía poco, luego dijo: -¿sabes por qué estoy aquí? Estoy muriendo, no sé qué me pasa, tengo dolores, malas noches y otras peores, no puedo siquiera cargar una piedra de buen tamaño, he dejado de fumar porque apenas el humo llega a mi nariz mi estomago se revuelve y vomito una asquerosa masa obscura, mi vista ya no es la misma apenas puedo distinguir rostros a unos metros soy una carga para mis amigos y sabes qué pensé, pensé en aquel viejo que me buscó en aquel viejo que traté con amabilidad y que al parecer sólo buscaba desahogarse de la muerte de su esposa, pensé tontamente, estúpidamente que por alguna razón me debías un favor, pero no lo sé. Creo que estoy loca además de enferma-. Josefo guardo silencio, luego la miro a los ojos; -puedes quedarte el tiempo que quieras, quizás deberías ir a ver a tu familia.
La mujer hablo con seriedad: -Viejo tonto, te pido por favor que nunca hables de mi familia-. Terminaron de cenar en silencio.

Edith se instalo en el cuarto de huéspedes, quitó las telarañas de la pared y durmió la primera noche. Durmió y vivió en esa casa tres semanas con las pláticas y preguntas apenas necesarias, se acostumbró a la parsimonia de su anfitrión con horas exactas para desayuno, comida y cena, televisión sólo por las noches, música por las tardes y cuentas los sábados. Un domingo en la cena Josefo puso los codos y las palmas de sus manos sobre la mesa: iremos al doctor –dijo- La mujer del otro lado ni siquiera cuestionó con palabra alguna sólo asintió con la mirada, un gesto que no podía ser de otra cosa más que de resignación. Fue un miércoles cuando acudieron al doctor. Regresaron a consulta una semana después, los días siguientes fueron de análisis, especialistas y un diagnostico definitivo al cabo de tres semanas. El regreso a casa fue silencioso. Siguieron con la rutina añadiendo ahora las indicaciones del doctor. No todo era tristeza, también tenían sus buenos momentos, él le contaba historias acerca de cómo era su trabajo, un viejo sabe bien como adornar sus historias, Edith bailaba algunas tardes cuando se sentía un poco mejor, también contaba historias aunque en muchas de ellas omitía detalles íntimos.

Los vecinos hablaban, Josefo lo sabía y poco le importaba. Las visitas no eran ni siquiera poco comunes en aquel departamento, el viejo nunca había sido un hombre de amistades, siempre duro, malhumorado y de poca paciencia. Así pasaron algunos meses más, cada vez los días buenos eran menos, Josefo tenía a veces que llevar la cena al cuarto de su huésped y recogerlo a la mañana siguiente tal como lo había dejado, luego miraba el pecho de la mujer para asegurarse de su respiración y salía. Sólo la despertaba para hacerla tomar sus medicamentos, era exacto en los horarios nunca dejaba pasar un minuto después de la hora indicada.

Uno de los días bueno Edith se acercó al viejo mientras éste bordaba parches en un saco y lo abrazó, Josefo pensó que aquello era muestra de que se sentía mejor, Edith le pregunto: -Viejo, ¿aún soy bonita?, él no dudó en responder: -Eres un ángel en esta casa. -Viejo hazme el amor. Josefo no se movió ni un centímetro, Fue ella quien buscó sus labios, los encontró y lo besó, el congelado anciano devolvió el beso y la toco como se toca a la primera novia, con más necesidad que tino, con torpeza la desnudó, el cuerpo delgado, enfermo de la mujer, mantenía las huellas de sus caricias por la palidez de su piel, había llagas y resequedad, hacer el amor fue doloroso para ella pero sólo quería sentirse bonita, aunque fuera con el viejo que la cuidaba. Terminaron. Durmieron hasta el día siguiente. 

Después de hacer el amor Edith sólo se levanto una vez más de la cama, tomo el teléfono y marco un número, con una voz muy baja habló por unos minutos luego regreso a la cama. La mañana siguiente su pecho ya no se movía, el viejo esperó un rato con la esperanza de ver su respiración, hasta que el noticiero de la radio mandó a corte comercial entonces la tocó, el frío que sintió en el cuerpo de la mujer no fue tanto como el que se formo en su corazón desde ese momento; salió de la habitación y se sentó en el comedor, su llanto aunque sólo existía en lo más profundo de su ser era sincero. Casi una hora después tocaron a su puerta, era una mujer morena de mediana edad;
Señor… ¿Edith, está aquí? Ella me hablo y…
-Llegas tarde, Ella murió -interrumpió el hombre-. La mujer se llevo las manos al rostro y se soltó en llanto;

-lo siento mucho señor su hija, me pidió que cremaramos su cuerpo y la arrojemos al mar en Veracruz-.

Josefo no pudo decir más, dejó todo en manos de la mujer, no quiso ver el cuerpo ni acudió a la ceremonia. Nunca entendió porqué ella dijo que él era su padre, ni siquiera quería saberlo. Luego de un tiempo limpió la casa y guardó en una caja todo lo que pudiera recordar a ella, durmió más de lo normal, sólo salía de su habitación para lo necesario.

Así ha pasado el tiempo y algo sucedió en el viejo que ni siquiera él sabe cómo explicar, no entiende si lo que tiene es una maldición o una bendición, pero Josefo no envejece, cada día que pasa no aparece una arruga en su cara. De vez en cuando el señor pasea por los parques de la ciudad, como buscando a alguien, quizá también ha perdido la razón o sabe algo que los demás ignoramos.

Feb
08

Les cuento:
Hoy tuvimos un evento con Los Tlacuaches, presentando el nuevo número, DÉCADAS (historias ambientadas en diferentes épocas) el cual es un ejemplar gratuito gracias al apoyo de la SUBSEMUN, ahí estábamos seis integrantes de la revista, algunos amigos e invitados, debo decir que al principio me sorprendió ver que si bien la atención prestada a los de la mesa no era mucha se mostraban respetuosos, pero luego de un rato fue cayendo, hasta que llegó mi turno de leer, debo admitir que mi historia a diferencia de las de mis compañeras era larga, (soy muy limitado para hacer historias cortas) inicié y poco a poco fui sintiendo el silencio, modulé mi voz y trate de dar el énfasis necesario, luego de cerca de diez minutos terminé y vi como muchos de los que estaban ahí por obligación ni siquiera se dieron cuenta, algunos incluso ya estaban en su propia platica o se habían levantado de su asiento. Traté de convencerme de que sólo era porque mi historia es larga.

Pasaron dos turnos más y luego volví a leer, esta vez un texto corto (lo que para mí es corto) el cual está en la revista, no pasó nada diferente de la primera lectura. No me sentí mal pues en otras ocasiones he logrado capturar la atención del público en eventos diversos, pero si me sentí frustrado, llegué a pensar que quizá estos dos cuentos no son tan buenos.

El evento terminó y empezamos la platica de costumbre con los conocidos y amigos, en eso estaba cuando un señor se me acercó a felicitarnos por nuestros cuentos, me dijo que le habían gustado mucho y que le alegraba que hiciéramos esos eventos, el señor estuvo ahí escuchándonos mientras vendía algodones de azúcar, humilde el hombre me contó que él obtuvo el tercer lugar estatal de poesía hace tiempo, pero que ya no escribe, lo animé a que nos mandara algo de lo que hace o que buscara para que lo publiquemos, me sorprendió lo que me contaba de su familia, donde su hermana es declamadora, y su padre escribió un libro independiente con historias de su pueblo (Huitzitlepec creo) nos dijo que conoce por su padre muchas historias tradicionales en nahuatl, leyendas y cuentos populares, estuve escuchándolo por casi veinte minutos, sus palabras, su sincera felicitación y sobre todo el tiempo que se tomó para escucharnos me hizo el día y quizás más.

Uno nunca sabe a quien puede estar llegando, uno supone que su público está en determinado lugar pero la voz que sale de nosotros no distingue y que bueno por eso, que bueno que podamos hacer eventos como el de hoy donde hacemos llegar nuestro trabajo a las personas adecuadas, que bueno porqué gracias a estos eventos tenemos la oportunidad de conocer a talentosos escritores que de otra manera estarían condenados al olvido (frase trillada pero cierta) historias que difícilmente llegarían más allá del pueblo donde se cuentan. Hoy espero que el señor me tome la palabra, nos busque para compartir su trabajo, sus historias, su talento.